Pete Doherty, de lo más correcto en su primer concierto en Madrid. EFE
Después de suspender su gira española hace
algo más de un año, por fin Pete Doherty aterrizó en Madrid junto a
su banda, Baby Shambles, para ofrecer un concierto en la sala La
Riviera en el que el polémico cantante británico sorprendió por su
buena conducta y su actitud más que correcta sobre el escenario.
A eso de las siete de la tarde, las decenas de jóvenes ataviados
con tirantes, sombreros y haciendo apología del pelo despeinado que
deambulaban por los alrededores de la sala La Riviera era un
presagio de que, esta vez sí, el público madrileño podría ver, por
primera vez en la capital, a Baby Shambles interpretando los temas
de su segundo álbum de estudio, "Shotter's nation".
A la misma hora, después de los pertinentes ensayos, Doherty,
Mick Whitnall -guitarra- y Adam Ficek -batería- abandonaban la sala
por la puerta trasera, dando plantón a los periodistas con los que
habían concertado varias entrevistas. En el interior sólo se quedó
el bajista Drew McConnell, quien, por cierto, habla un fluido
castellano con un perfectísimo acento canario.
Aunque fue de lo menos caballeroso con la prensa, durante la
actuación Pete Doherty se mostró correcto y sólo pudo defraudar a
aquellos que fueran con la idea preconcebida de toparse con el
politoxicómano con aires de grandeza conocido por su tormentosa
relación con su ex Kate Moss; ese al que la rumorología popular
acusa de lanzar escupitajos o sangre de sus jeringuillas al primero
que se cruza en su camino.
Poco después de las diez de las noche, Doherty apareció sobre el
escenario; altísimo, muy delgado, con cara de no haber roto un
plato, ojeras y una palidez poco saludable; sin tirantes, ni
sombrero y algo más peinado de lo normal. Así comenzó el concierto,
guitarra en mano, interpretando las que sin duda son las dos
canciones más comerciales de su nuevo álbum: "Carry up on the
morning" y "Delivery".
Sin embargo, a lo largo de la mayor parte del recital se echó de
menos al Doherty de antaño, aquel que con su antigua banda, The
Libertines, conectaba con el público nada más salir al escenario. En
esta ocasión, apenas dedicó palabras a sus fans, y tan concentrado
estaba en tocar bien la guitarra que estuvo demasiado estático en
temas tan vibrantes como "Side of the road", "Unbilo Titled" o "You
talk".
Esta actitud cambió cuando, después de una hora de concierto, la
banda abandonó el escenario para regresar cinco minutos después y
deleitar al público con otros treinta minutos en los que Doherty,
ahora sin guitarra, estuvo divertido, exagerado, amanerado, sudado,
y jugando con todo lo que le tiraban sus fans, desde sombreros hasta
sujetadores.
Hubo que esperar al final de espectáculo para vivir el momento
más vibrante de la noche, cuando Doherty cantó el tema "Fuck
forever", el hit más famoso del primer álbum de la banda, "Down in
albion".
Irene Mahía.
Madrid, 11 ene (EFE).-